No era ni mucho menos fácil la papeleta que tenía el Real Madrid en la cuarta jornada de la Euroliga, primero porque venía de perder el martes ante el Baskonia, y eso, en una semana de doble partido es un duro golpe, y segundo porque para acabar la jornada le tocaba el hueso más duro, el Panathinaikos, que también llegaba necesitado tras ceder ante el París. Pero el equipazo que tienen los verdes no ha sido capaz de encontrar la forma de meterle mano a un Real Madrid al que por primera vez esta campaña hemos visto a gran nivel.
El Real Madrid se impuso a los de Atenas por 90-86, en un choque en el que se vengó de la derrota sufrida en la última final de la Euroliga y, al mismo tiempo, reforzó a los de Chus Mateo tras su mal arranque. Pese a la presión por los tropiezos recientes, salieron a por todas, dispuestos a no dejarse sorprender y evitando que los visitantes se metieran en el duelo de fuegos artificiales, que no les beneficiaba. Pero ellos si los encendieron a base de triples, de los que entraron cinco de los seis primeros en un parcial inicial de 17-5 que, sin ser decisivo, dio tranquilidad.
Aunque el Madrid se relajó en el segundo cuarto, donde casi dividió por dos los puntos anotados en los diez minutos iniciales. Se mantuvo en cambio constante el Panathinaikos, lo que le permitió acercarse a un rival tocado en su juego interior al ver Serge Ibaka, en el ecuador de ese acto, una técnica que supuso su tercera personal. Y al poco comenzó a enchufarse Kendrick Nunn, que con la confianza en ascenso mantuvo el temple también a la vuelta de los vestuarios, sosteniendo la amenaza de los de verde mientras esperaban un despiste para hincar el diente y ponerse por delante.
Este no llegó porque Dzanan Musa y Alberto Abalde se negaron en rotundo, firmando un tercer cuarto de absoluta jerarquía. Empezó a percutir el bosnio con siete puntos seguidos y se subió a su carro el español. Así entre ambos anotaron 19 de los primeros 21 puntos de los suyos. Los dos restantes los hundió Walter Tavares en el aro con un mate de pura potencia. El vendaval fue demasiado para el vigente campeón de Europa, que de repente se vio quince abajo y apenas pudo reducir esa renta desfavorable de cara a los diez minutos decisivos pese a los esfuerzos titánicos de Nunn, al que los blancos apenas podían limitar.
Sin embargo su talento individual quedó en nada ante la conciencia colectiva madridista, concentrado para no dejar escapar una victoria que había merecido, yendo por delante toda la noche. Pese a ello le costó, porque cuando se enfrió Nunn florecieron el talento del resto de jugadores visitantes. Con mejores vibraciones de lo que dice el resultado final, un rayo de luz asoma en mitad del túnel donde se haya el Real Madrid.
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