La portuguesa Catarina Campos, de 39 años, hizo recientemente historia al arbitrar un partido de la Primera División masculina de la liga portuguesa y se erigió en la primera mujer en hacerlo.
En España, lo máximo que se ha conseguido en este aspecto lo ha logrado Marta Huerta de Aza, que el verano pasado se convirtió en la primera árbitra en España en llegar al fútbol profesional masculino al subir a Segunda división. En Primera sí que hay árbitras asistentes, como son Judit Romano García, Guadalupe Porras Ayuso y Eliana Fernández González, pero nunca ha habido una árbitra principal en la máxima categoría del fútbol español.
Esto demuestra las diferencias de género que todavía existen en el arbitraje español, algo que también sufre Carla García Alarcón, una joven árbitra que además es influencers y recientemente ha contado en el podcast 'Lover Studios' cómo es el trato de los futbolistas con ella.
Carla confiesa que los jugadores, una vez acabado el partido, buscan su nombre "en el acta" y le envían una solicitud de amistad "por Instagram".
"Miran el acta, ven mi nombre y buscan solicitud por Instagram. En el acta sale mi nombre completo. Tras los partidos he tenido muchas solicitudes de jugadores... y también privados. La mayoría de los mensajes son de 'muy bien arbitrado, árbitra', 'eso no era tarjeta' o 'árbitra, una pregunta... ¿esta jugada?'", siguió diciendo la propia Carla.
Con más de 40.000 seguidores en Instagram y tan solo 21 años, la joven árbitra explica que futbolistas y aficionados intentan "ligar" con ella: "He tenido tiradas de cañas muy buenas. Hice captura de comentarios y podría hacer un collage, porque algunos son muy buenos. Hay uno que dice 'tarjeta amarilla por la falta que me haces'. Yo pito a todas las edades, y no sé qué decirte... si es peor uno de 24 años o uno de 16 años. Tuve un juvenil que hasta los de su equipo me dijeron 'árbitra, sácale roja, que no para'. Otro en el banquillo no paraba de vacilarme y tirarme la caña...".
En lo profesional, Carla también habló de la manera en que ella manejaría a un futbolista como Vinicius. "Primero de todo, intentaría hablar con él. Chillando o haciéndote la chula no vas a conseguir nada. Si no hay solución habría que poner un tono más fuerte o recurrir a las tarjetas. Si él no colabora no se puede hacer nada...", cuenta.
Sobre sus objetivos en el arbitraje, la joven afirma que quieren "subir cada año, combinar el trabajo con el fútbol y llegar a pitar en Primera. Decidí ser árbitra porque mi padre lo era. Yo hacía patinaje y acompañaba a mi padre al Comité de árbitros, y el delegado me decía que yo también lo sería por cuestiones de la vida. Y así fue, me lesioné y decidí meterme al arbitraje".
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