Mensik, a su 19 años, ha estrenado su palmarés de la segunda forma más grande posible en el mundo del tenis. No ha sido con un Grand Slam, pero si con un Masters 1000 y, además, derrotando a su ídolo en la final, el serbio Novak Djokovic.
Esto es algo que sólo han conseguido hacerlo tres jugadores más, entre ellos dos españoles, Albert Portas y Roberto Carretero. El estadounidense Chris Woodruff es el otro componente de este selecto club.
Además, lo ha hecho con elegancia en la pista y con el micrófono en mano, reconociéndole parte de su éxito a su rival: "Gracias por todo lo que haces por este deporte, es por ti por lo que me dedico al tenis".
Unas molestias en su rodilla casi le impiden participar en Miami, pero su fisio dio con la tecla y le recuperó milagrosamente en tiempo récord. Ahora, además de subir treinta puestos en el ránking ATP (de la 54º posición a la 24ª) se ha embolsado una suculenta cantidad de dinero en su bolsillo, al igual que Aryna Sabalenka. Concretamente, tanto el checo como la bielorrusa facturarán como campeones del torneo un total de 1.124.380 dólares, a los que habría que descontar los impuestos si se quiere alguien hacer una idea de cuál es la ganancia neta.
Por otro lado, en la República Checa por fin han conseguido tener un referente tenístico desde la retirada de Tomas Berdych. Jiri Lehecka y Tomas Machac se postularon como grandes candidatos, pero ninguno consiguió llegar donde sí ha sido capaz Jakub Mensik. De hecho, en las redes sociales ya circula una foto con Tomas y un pequeñísimo Jakub, concretamente en Prostejov, en el Challenger de su ciudad natal.
Un especialista en los 'tie-breaks'. Eso también lo ha demostrado Mensik, quien ha ganado los siete desempates que ha disputado en Miami. Ahora, en el cara a cara con el balcánico ya puede presumir de tener un empate, algo de lo que pueden presumir muy pocos. Era la segunda vez que ambos se enfrentaban tras cruzarse en los cuartos de final del Masters 1000 de Shangai el año pasado, con victoria para 'Nole'.
Entre ambos se llevan 18 años y 102 días, una diferencia que ha sido la mayor brecha de edad en una final del circuito masculino desde 1976. Y sin duda alguna, ha confirmado el cambio generacional que está viviendo el tenis a nivel mundial en los últimos tres años. Por si fuera poco, ha dejado a Djokovic con las ganas de conquistar su título número cien en el circuito ATP.