No quiere, por nada del mundo, echar a Pablo Machín y, de ese modo, confirmar el fracaso de su primer proyecto como director de fútbol del Sevilla, pero
Joaquín Caparrós empieza a verse entre la espada y la pared, tras comprobar cómo tampoco el equipo tampoco es capaz de ganar en su competición fetiche, ni aún jugando en un estadio que era un fortín. Ni aun poniéndose por delante a los 30 segundos.
Al acabar el partido, las cámaras de
ESTADIO han cazado al utrerano sobre el césped, acompañado de sus hombres fuertes,
Paco Gallardo y Carlos Marchena. Caparrós, pensativo, mostrada un evidente rosto serio. Estaría analizando, seguramente, si hay cosas a las que agarrarse para mantener al soriano, si con ese juego el equipo será capaz de doblegar a un rival más potente, como la Real Sociedad, o si esperar a la vuelta puede suponer que el Sevilla también se quede fuera de la Europa League.
Los nervionenses
tuvieron la suerte de verse emparejados con el rival más débil del segundo torneo continental y parecía la tarde idónea para alejar los fantasmas, si bien el cuadro blanquirrojo
sólo lo hizo durante un tramo del segundo tiempo.
¿Que tuvo mala suerte? Seguramente, porque erró ocasiones muy claras. Ahora bien,
sería torpe escudarse en eso y esconder la fragilidad -y hasta pasividad- defensiva del equipo, la falta de confianza que muestra Machín con sus decisiones y
la poca fe en sus ideas que parecen tener ya los jugadores.
Es que no es tanto una cuestión del dibujo (salió con 4-2-3-1 y acabó con su clásico 3-5-2)
como de estilo. El soriano insiste en las transiciones rápidas, en un ida y vuelta continuo, y no cuenta con los jugadores ideales para ello
: ni por capacidad ni por preparación física. Que se lesionen uno o varios jugadores por partido
no es mala suerte. Y ganar
un sólo partido de los últimos 10 en LaLiga (dos desde diciembre) tampoco es mala suerte. Los más optimistas podrán agarrarse este jueves a las ocasiones desperdiciadas ante el Slavia, pero
la cara de Caparrós tras el partido no reflejaba precisamente mucho optimismo...
La mala suerte es esporádica y la racha negativa del Sevilla dura ya
más de tres meses.