En Mineápolis tenía lugar la pasada madrugada uno de los partidos más interesantes de la jornada en la NBA. Por un lado unos Timberwolves que aún aspiran a entrar en el 'play off' del Oeste y que ocupan la séptima posición en estos momentos. Y, por el otro, uno de los equipos más en forma de a Liga norteamericana y la gran sensación de esta temporada, los Detroit Pistons.
El conjunto de Detroit venía de ganar sus tres últimos partidos y de superar, en el último, al mejor equipo del Este, los Cavaliers. Y mantuvo esa inercia en el arranque del duelo ante los Wolves. Los Pistons se llevaron el primer cuarto por un claro 20-34. Sin embargo, todo se empezó a torcer en el segundo. Los Wolves se acercaban, pero lo peor estaba por llegar. A falta de cuatro minutos para conclusión de este periodo se produjo la acción de la noche.
Una falta personal provocó una tángana que acabó con siete expulsados, cinco jugadores y dos técnicos, entre ellos el entrenador de los Pistons. Y estos fueron los peores parados a partir de ahí. Los Timberwolves asumieron mejor todo lo sucedido y acabaron llevándose el partido por 123-104.
Naz Reid (Timberwolves) y Ron Holland (Pistons) fueron los instigadores de todo. El primero recibió una falta del segundo, se revolvió, se encaró con él, DiVincenzo intervino y, a partir de ahí, se montó el lío. A la bronca se unieron numerosos integrantes de ambas plantillas y el cuerpo técnico de ambos equipos y la pelea terminó, incluso, en la primera fila del público que presenciaba el partido a pie de pista.
La brutal pelea acabó con siete expulsados, tres por los Wolves y cuatro por los Pinstons. El que salió peor parado fue el conjunto de Detroit, que se quedó sin su entrenador principal, J.B. Bickerstaff, sin el base Marcus Sasser, el pívot Isaiah Stewart y, lógicamente, el alero Ron Holland II. Mientras, un viejo conocido del baloncesto español, el argentino Pablo Prigioni, ahora asistente en los Timberwolves, era uno de los que se marchaba a la caseta junto a Naz Reid y al escolta Donte DiVincenzo.
"Obviamente, las cosas fueron demasiado lejos, pero lo que uno ve es a los muchachos cuidándose unos a otros, tratando de protegerse y respaldándose mutuamente", señalaba un Bickerstaff que participó activamente en la pelea y que no se arrepiente de lo sucedido. "Esos son principios innegociables en nuestro vestuario", advierte.
El entrenador de los Timberwolves, Chris Finch, respondía y señalaba que los Pistons son un equipo muy físico que lleva a los rivales al límite. "Es desafortunado. Sabíamos que ellos son un equipo muy físico. Te golpean, te sujetan, hacen todo lo que se espera de un equipo así. Pero llegó a un punto en el que los jugadores quisieron tomar el asunto por sus propias manos...", reconocía.
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