Chamba, preparador físico en el
Betis, afrontará entre el 6, 7 y 8 de septiembre el
Ironman de
Gales, una de las pruebas más duras que existe, donde tendrá que emplearse a fondo nadando, pedaleando y corriendo. ESTADIO ha hablado con él.
- ¿Cómo se siente a poco más de un mes de su gran desafío?- Sinceramente, creo que estoy en un grandísimo momento, tanto físico como anímico. En la última prueba en la que competí, la Toro Loco de Sierra Nevada, obtuve un gran resultado, siendo cuarto en mi categoría y quinto en la general final. Eso no sólo demuestra que me encuentro genial de forma, sino que también me ha servido para reforzarme moralmente.
- Y, a partir de ahora, ¿cómo seguirá su preparación?- Desde ahora, la prioridad es seguir entrenándome, pero reservando fuerzas para la competición. Por eso, estaré trabajando a un ritmo de unas seis horas al día con visitas al fisio que me permitan descargar y recuperar el tono físico. Después, entre el 18 y el 21 de agosto, estaré concentrado en Sierra Nevada. Ya el 1 de septiembre viajaré a Gales, donde estaré aclimatándome durante una semana hasta que el 6, 7 y 8 participe en el Ultraman. Sólo espero que durante todo ese tiempo no pase nada raro y siga igual de bien.
- Dicen que va a competir en una de las pruebas más duras que existen...- La verdad es que sí. Puede que haya alguna que la supere en dureza, pero creo que es, sin duda, la más completa, por lo que habrá que estar muy fuerte para completarla.
- Teniendo por delante 10 kilómetros a nado, un total de 460 en bicicleta y 84 corriendo, ¿cuál es su objetivo en el Ironman?- Ante todo, acabar. Ya es todo un logro estar entre los 25 participantes de una prueba en la que, de media, sólo siete llegan hasta el final. Yo me veo capacitado para conseguirlo, por lo que intentaré hacerlo lo mejor posible no sólo para cruzar la meta, sino para terminar entre los cinco primeros y clasificarme para el Ironman de Hawai, en octubre, la competición más importante de este deporte.
- O sea, que por lo que veo no renuncia a nada...- Por supuesto. Estar en Gales ya es para mí un sueño. Afronto este reto con la mayor de las ilusiones y quiero ofrecer lo mejor de mí mismo en la prueba.
- ¿Dónde puede estar la clave para conseguirlo?- Si supero bien la parte a nado, creo que tendré muchísimo ganado, puesto que se me da mejor tanto la bicicleta como correr y ahí puedo dar la talla sin demasiados problemas.
- Y, sinceramente, ¿qué es más complicado acabar una prueba o conseguir patrocinadores?- En la mayoría de los casos, lo segundo (se ríe). Participar en competiciones así resulta muy caro, en torno a unos 15.000 euros, una cifra muy difícil de conseguir en los tiempos que corren. Afortunadamente, desde que empecé en este mundillo, en 2011, siempre he tenido al Betis echándome una mano, pero el descenso a Segunda y la difícil situación económica del club me han pasado factura. La aportación de la entidad ha bajado bastante y, por momentos, casi me he visto sin posibilidad de costearme este reto. Afortunadamente, una empresa, ´Sportmusic´, ha aparecido para darme prácticamente la mitad del dinero que necesitaba. Y sólo porque su propietario es tremendamente bético, me conocía y le gustaba los valores que represento. Es increíble.
- O sea, que gracias a un bético otro va a poder pelear por llegar a la meta en Gales...- Pues sí. Sin su ayuda no podría participar en el Ironman. Es de esas cosas que te enseñan que en la vida nunca debes darte por vencido, que ante cualquier adversidad debes levantarte y seguir adelante, puesto que todo tiene solución. A fin de cuentas, el mundo del triatlón se basa prácticamente en la misma idea que el Betis, el ´Manquepierda´.
- Hay quien defiende que al equipo le queda uno por delante en su camino de vuelta a Primera...- Totalmente. Desde que llegué al club, he vivido dos ascensos y siempre he defendido que es más difícil competir en categorías inferiores que en Primera. La División de Plata es muy igualada, por lo que no vale con hacerlo bien sólo durante un tramo de la temporada. Hay que mantener la regularidad a lo largo de todo el campeonato. Cualquier rival te la puede jugar.
- A esta situación, ¿se ha llegado por un déficit físico o anímico durante la pasada campaña?- Creo que el descenso llegó por un cúmulo de circunstancias. En mi opinión, falló la planificación, porque quizás se debió hacer un desenvolso mayor y más ajustado a las necesidades del equipo, faltó convicción a la hora de hacer frente a las dificultades e, incluso, eché en falta que se le diese más protagonismo a la cantera.
- En relación a ese último aspecto, habla con total conocimiento de causa...- Sin duda. Llevo ocho años trabajando en la cantera y conozco a casi todos los chavales. Creo que gente como Caro, Carlos García y Pedro están capacitados de sobra para dar el salto junto a los mayores. Tienen calidad y sienten los colores como nadie. Sólo necesitan continuidad para hacerse con un sitio en el primer equipo, igual que le pasaba a futbolistas como Beñat o Miki Roqué.
- Hablando de este último, ¿volverá a cruzar la meta de Gales luciendo su camiseta?- Es un homenaje que siempre me gusta hacerle, porque ha sido la persona que más me ha marcado desde que llegué al Betis. Sin embargo, esta vez no podré llevar la elástica con su dorsal, porque la organización lo impide. En cualquier caso, luciré serigrafiado en el maillot el escudo del Betis y su número, el 26. Siempre me acompañará.
- ¿Diría que su relación con él era muy especial?- Muchísimo. Nos entendimos a la perfección desde el primer momento. Cuando lo ficharon, yo estaba de preparador físico en el filial y siempre que tenía molestias en la ingle me decía: "Chamba, ven y ayúdame a estirar". Fíjate después en lo que derivaron aquellos problemas físicos. En cualquier caso, siempre estuvimos en contacto, incluso durante su enfermedad. Hablábamos regularmente por teléfono. Recuerdo que cuando participé en el Ironman de Niza, en 2012, le llamé antes de la prueba y no me contestó. Después, nada más cruzar la meta, mi padre me dijo que acababa de morir. Entré en ´shock´. Fue un mazazo durísimo.
- Pasaría de la cima a la sima en milésimas de segundo...- Imagínate. Acabas la prueba con un auténtico subidón de endorfinas y, de pronto, te sorprenden con una noticia tan fuerte como ésa. El impacto fue brutal. No sabía qué hacer. Llamé a Gordillo y a gente de la directiva esperando que me desmintiera la noticia, pero, desgraciadamente, era verdad.
- Y desde entonces, siempre aprovecha para homenajearle en cada prueba..- Por supuesto. De hecho, cuando llego a los últimos kilómetros ya sé que mi hermana me está esperando para darme la camiseta y, aunque parezca mentira, es como si las piernas recuperasen algo de tono físico. Muchas veces lo he hablado con la madre de Miki. Podría decirse que él me da el último empujón. Desde que falta, la posibilidad de hacerlo bien en su honor es un aliciente añadido. Le tengo presente en todo momento. Jamás lo podré olvidar.
- Él nunca se rindió...- Y yo lo tomo como ejemplo. En esta vida tenemos que intentar superarnos día a día, sobreponiéndonos a cualquier adversidad por complicada que sea.
- Por cierto, hablando de complicaciones, ¿le resulta difícil compaginar su afición por el triatlón con su trabajo como preparador físico en el Betis?- Un poco, la verdad. Este deporte exige una dedicación casi total y es complicado hacer otras cosas a la vez. Afortunadamente, en el club me han echado una mano, reservándome tareas de evaluación y control que no implican tanta continuidad como estar en algún equipo concreto.
- Tras la remodelación de la cantera, ¿sigue teniendo sitio?- En principio, sí. Estoy a la espera de competir en el Ironman para, justo después, hablar con Buenaventura y ver qué rol desempeñaré a partir de ahora.
- Es decir, que, salvo sorpresa, no se marchará del club...- Después de ocho años, yo no me voy de Heliópolis ni con agua caliente (se ríe). El club es mi casa y me ha dado muchísimas cosas. Soy bético hasta la médula y me siento orgulloso de ello.